12.7.08

Cuando la fresca cotidianeidad engañó a la balanza


¿Cuántas veces hemos utilizado la conocida técnica de la balanza para encontrar el equilibrio entre tantas preocupaciones y pensamientos aislados?
Es un método perfectamente ensayado. Primero, identifico todas aquellas palabras que están sobrevolando y marcan una clara influencia. Luego estoy lista para organizarlas y atribuírles sus respectivos matices. Pinceladas doradas, naranjas, grises, blancas y violetas. En el techo color beige armo una perfecta red de pensamientos. Útil, invisible y personal.
Es entonces cuando llega el instante más difícil. Colocar los párrafos espolvoreados con sentimientos encontrados en la balanza y hallar la conclusión. Sólo que...las hipótesis más mecánicas y concretas poco funcionan con los seres humanos. Y aquella característica resulta maravillosa y desesperante a la vez.

Lo cierto es que los momentos de lluvia torrencial se llevan consigo la balanza y esconden a los resabios de positividad en lo más oscuro. Suelen restarles importancia y dejarlos olvidados.
Desde su pequeño lugar esperan, aguardan por un milagroso rescate. Y aquellos momentos llegan, quizás porque alguien cercano decide recordarnos que existen. Tal vez porque el temporal se aleja y pierde su influencia.

Es común. Cuando un aspecto se gana la etiqueta negra, contamina a sus compañeros y todo parece ir mal. Pero... ¿qué sucede cuando se produce el proceso inverso?

Puede que un gran acontecimiento sea el responsable. Aquellas situaciones que logran sacarnos la mejor sonrisa, enorgullecernos, sentir que vale la pena vivir. Los logros, los reencuentros, los abrazos, los descubrimientos.

Sin embargo, existen detalles más simples que pueden producir el mismo efecto. Quizás la intensidad no sea siempre la misma, pero lo cierto es que hoy invadieron mi humor como una ráfaga.

Comenzando con el clima más increíble, un día de invierno en el que apenas se siente el frío, el viento acaricia las mejillas y trae el perfume de las hojas, aquella sensación de tiempos pasados en los que los fines de semana solían tener colores reservados. Abrí la ventana de par en par y escuché la melodía que venía esperando desde el 19 de Noviembre del 2007, cuando todo pareció desmoronarse. Hay que tenerle fe a las nuevas etapas, al aire fresco. La emoción que me transportó años atrás, de aquella joven música envolvente que hacía saltar al corazón me anunció que hoy iba a ser inolvidable. Los acordes se repitieron y "como casi siempre" encontré nuevos matices y sonidos que me confirmaron por qué son los únicos que saben llegarme al alma.
Completamos con un antojo pasajero de budín de pan, un paquete de pastafrola que llegó a las 6, el agua que supo procesar los mil detalles, nuevos sabores regionales, una trama bien contada y un giro en el tiempo: la llegada de la lluvia y su aroma inconfundible por la noche.

Quizás hace un tiempo el 12 de Julio parecía el "día menos pensado". La última semana se ganó el carácter de esperado.
Hoy, cuando el reloj marca las 4 de la mañana del mítico 13, sé que voy a recordar estas 24 horas como el día en que la fresca cotidianeidad engañó a la balanza.

Agu Miglio.-
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