25.12.11

5 de diciembre

Tratás de guardar el perfume en pequeñas dosis. Sostenés el aliento y se acelera el corazón. Así, la fragancia recorre y modela una extensa serie de pensamientos catalogados diligentemente. Vale la pena respirar tres veces porque esta noche no se repite, suena a muchas y a ninguna, brilla tan fuerte que tienta la gravedad del hastío y eriza unas cuantas líneas, mudas, congeladas. Cruje la madera, el cielo se tiñe de azul marino. Amanece y yo duermo, confirmando una vez más que mi alma vive a destiempo.

[Hoy es una noche perfumada. Abran las ventanas señores.]

Agu Miglio.-

(2 días antes)


29.5.11

Palabras clave

Porque nos reinventamos. Nos buscamos. Nos repetimos. Y nos reencontramos.
Porque en ese ir y volver, no olvido llevar mis palabras clave en el bolsillo.




Agu Miglio.-

21.4.11

Jugar a no perder

Dejó que la música la mareara, porque así se sentía segura, dedicándole líneas a aquello que no existe, sagrado entre todo lo que puede realizarse.

Y no se va a arriesgar, nunca. Porque le gusta jugar.

No, le gusta imaginar cómo se siente jugar. Llenarse las venas con aquella dulce sensación y poder volver al inicio sin perder en el camino. Un perpetuo ensayo con destino incierto.

Un éxito inconcluso.
Un fracaso encubierto.


Agu Miglio.-



3.8.10

¿Borrón y cuenta nueva?


Necesitamos comenzar de nuevo. Precisamos hojas en blanco. Cambiar, pintar y remodelar muebles. Visitar la peluquería. Destrozar en cuarenta y cinco pedazos uno o dos papeles. Rasgar las palabras escritas, verlas desvanecerse en los laberintos de la bolsa de basura. Brindar. Arreglarse y salir a festejar. Llamar y dejar escapar una sentencia fría. Desear con el alma que el año se termine. Crear una lista eventualmente realista y necesariamente imposible de metas a cumplir. Tomar un tren que nos lleve lejos, cuando son los pensamientos los que nos siguen a kilómetros. Poner fin a una situación incómoda. Pedir que lleguen los buenos tiempos. Emprender un nuevo negocio. Pintar las paredes. Condenar una canción al olvido. Enterrar sentimientos. Reprimir nuestra esencia. Dejarse ser. Llevar bien alto la bandera de la libertad aunque apenas sepamos qué significa. Tachar. Borrar. Contar hacia atrás.

Empezar de cero. Borrón y cuenta nueva. Nos desespera, nos desvela y nos atrae peligrosamente. ¿Qué sería del hombre si no pudiera olvidar y comenzar sin el peso sobre sus hombros? Ya no nos engañemos y aceptemos nuestro increíble talento para escribir un párrafo aislado cada día. Aprendamos a convivir con nuestra brillante habilidad que permite despreciar años de historia. Errores, glorias pasadas, tiempos turbulentos. Siempre seremos invencibles si podemos arrancar la carrera sin que nuestra conciencia nos pise los talones. Ella no nos traicionará, jamás nos trasladará. Refutará memorias enredadas y aprenderá a vivir en un presente eterno y efímero.
¿Será que nos hemos mentido tantas veces que en las ansias se nos ha escapado de las manos?

Agu Miglio.-

23.12.09

Visa indefinida


¿Cuántas veces pensamos, escuchamos y confirmamos que "la gente no cambia"? Solemos pensarlo cuando las actitudes se repiten, cuando vuelven a dejarnos esperando en aquella esquina, cuando escuchamos una frase, un deja vú que nos duele en el alma. La esencia siempre será la misma y sobretodo una vez que ya terminó la adolescencia y nos parecemos un poco más a nosotros mismos. Es entonces cuando nos repetimos "ahora sabemos a qué atenernos", no habrá sorpresas, no habrá esperanza.

Sin embargo, irónicamente las personas sí cambian. Crecen, se escudan, nos olvidan, nos llaman, nos recuerdan, nos borran de su agenda telefónica, nos piden ayuda, nos ofrecen un café la tarde menos pensada. Ellos reordenan sus pensamientos y prioridades, se mimetizan con aquellos que los rodean, tiñen su aura de colores distintos. Probablemente no se rían de las mismas cosas, hayan olvidado anécdotas que antes parecían imborrables, conozcan más el mundo y hayan pegado cientos de curitas en el alma con el paso de los años.


Y cuando todo cambia, quizás reflexionamos, tal vez un día nublado como hoy o una noche estrellada. Existen miles de momentos. Se saborean de forma distinta y siempre están incompletos sin aquellos que condimentan nuestra vida. Ellos nos tocan el alma, nos alegran, nos derrumban, nos levantan, nos enseñan. Pero ese encuentro puede que sólo suceda en aquel momento irrepetible, cuando nuestra sintonía y la suya se confunden trágica o mágicamente. Un abrazo, una charla, miles de caminatas, helados y risas, discusiones, puntos en común y diferencias irreconciliables: tan sólo ingredientes de un hechizo que los años desgasta. O no.


Ellos no son los mismos y nosotros tampoco. Aunque guardemos esencias escondidas y recuerdos empolvados.

Porque la barrera que levantamos con esfuerzo frente a los demás, una vez se rompió en mil pedazos y se rindió frente a la confianza.

Porque a veces duele saber que los años dejan sin efecto la visa indefinida directo al corazón.
Agu Miglio.-

30.11.09

Canción desesperada


El tiempo es uno de mis temas preferidos y probablemente sea el de 2/3 de la población mundial, sólo porque es uno de los fenómenos que nos roza a todos muy cerca. Ya oficialmente en Diciembre, comienzo a pensar en los propósitos que planteé a principio de año y que por supuesto, apenas releí esta semana. Entre aquellas palabras encontré muchas otras: pequeños textos con distintas fechas pero todos escritos entre las 4 y las 5 de la mañana. Frases repletas de adjetivos.

Es extraño pensar que sólo tengo un vago recuerdo de qué era lo que estaba pensando exactamente en ese instante, dato alarmante teniendo en cuenta que datan de un año atrás.

Son simplemente prófugas expresiones, se escaparon, se mudaron. Ellas han sido víctimas de mi maravillosa habilidad para desplazarlas. Porque lo que poco importa, fácil se olvida.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando uno se da cuenta de que ha archivado recuerdos irreemplazables y claves en todos los cajones pero decidió desechar todos y cada uno de los que corresponden a un cajón en especial? Él está lleno de espejismos triviales, yo les di ese nombre.

Y los textos se quedaron, como aplacadas "canciones desesperadas", que aún hoy gritan desde el papel.

9.11.09

Dibujo libre


No tengo tiempo
No es el momento
Aún espero la oportunidad
No estoy segura
No sé lo que quiero
Mejor ir a paso de tortuga

El que no arriesga, no gana
La vida son tres días, ya pasaron dos
Viví cada día como si fuera el último
No me voy a sentar a esperar

Bendito sea aquel día en que las frases clichés con las que juega nuestro inconciente desaparezcan y podamos encontrar el equilibrio entre la impotencia y los saltos al vacío.

Cuando estábamos en primaria solían darnos un hoja, "consigna: dibujo libre", allí pintábamos con crayones lo primero que se nos ocurría. Sin embargo, no había nada que una nueva hoja no pudiera remediar. ¿Tiene sentido mancharla sin pensar, si no hay vuelta atrás? ¿Tiene sentido esperar y dejarla en blanco hasta que ya no podamos decorarla? Y como buenos seres humanos pensantes que somos, sabemos que ninguna de las dos premisas valen la pena.

Nuestra angustia consiste en realidad en el hecho de que siempre realizamos nuestro dibujo libre. Pero tiene errores y aún más importante, siempre nos parecerá incompleto.

Porque el blanco asusta.
Nos asusta el tiempo.
Nos asusta la libertad.


Agu Miglio.-


[
Descubriendo la cotidianidad.
Reflejando
su magia en cada trazo.
El
arte color vainilla. ]