10.12.12

Simulacro de un cliché hollywoodense



Existe un cliché hollywoodense que me encanta.

Después de un gran desarrollo argumental que consumimos (casi) sin sorpresas, llega el momento clave. El personaje principal pasó una hora y media construyendo su pirámide a base de prioridades, intereses y reacciones, sabemos exactamente cómo piensa pero también estamos seguros de que va a destruirlo cuando estemos a punto de terminar los pochoclos. Los actores de reparto hacen un análisis repentino de la situación, se descubren los secretos clave o simplemente el protagonista se estrella contra un poste enfrente de un supermercado. Entonces, abre los ojos, pestañea con dificultad, intenta hablar pero no puede, empieza a caminar muy rápido u opta por manejar a toda velocidad peinando la ruta, sabiendo que tiene un destino: no sabemos dónde, pero siempre es arriesgado, decisivo e implica un pequeño discurso, una firma, un abrazo, un cierre. Todo al compás de la mejor canción, aquella que destaca en la banda sonora, porque todas sus corcheas te empujan, te dicen que dejes de ser una ameba ficcional.

Los seres mortales que no vivimos en pantalla también nos damos cuenta de muchas cosas, pero preferimos consultarlo con nuestra conciencia a la madrugada, esconderlo debajo de la cama o tomar alguna decisión tibia y burocrática.

En mi fábrica cinematográfica personal, mi álter ego se entera y empieza a correr muy fuerte, bajo la lluvia, mientras suena esta canción.

Suspicious Minds by Elvis Presley on Grooveshark

Hoy simplemente lo escribo. Y sigo acumulando simulacros.

Agu Miglio.-
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