10.12.12

Simulacro de un cliché hollywoodense



Existe un cliché hollywoodense que me encanta.

Después de un gran desarrollo argumental que consumimos (casi) sin sorpresas, llega el momento clave. El personaje principal pasó una hora y media construyendo su pirámide a base de prioridades, intereses y reacciones, sabemos exactamente cómo piensa pero también estamos seguros de que va a destruirlo cuando estemos a punto de terminar los pochoclos. Los actores de reparto hacen un análisis repentino de la situación, se descubren los secretos clave o simplemente el protagonista se estrella contra un poste enfrente de un supermercado. Entonces, abre los ojos, pestañea con dificultad, intenta hablar pero no puede, empieza a caminar muy rápido u opta por manejar a toda velocidad peinando la ruta, sabiendo que tiene un destino: no sabemos dónde, pero siempre es arriesgado, decisivo e implica un pequeño discurso, una firma, un abrazo, un cierre. Todo al compás de la mejor canción, aquella que destaca en la banda sonora, porque todas sus corcheas te empujan, te dicen que dejes de ser una ameba ficcional.

Los seres mortales que no vivimos en pantalla también nos damos cuenta de muchas cosas, pero preferimos consultarlo con nuestra conciencia a la madrugada, esconderlo debajo de la cama o tomar alguna decisión tibia y burocrática.

En mi fábrica cinematográfica personal, mi álter ego se entera y empieza a correr muy fuerte, bajo la lluvia, mientras suena esta canción.

Suspicious Minds by Elvis Presley on Grooveshark

Hoy simplemente lo escribo. Y sigo acumulando simulacros.

Agu Miglio.-

4.8.12

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20.5.12

Sequía

Te alejás más y se me escapa entre las manos como el agua. Pondría cientos de baldes, vasos, tazas y dedales para detener la tragedia. Pero mis palabras están repletas de ranuras, plagadas de pequeñísimos poros incapaces de contener los sonidos, los trazos, las horas. Así fue como los silencios vaciaron los cajones, despejaron el escritorio, guardaron dos tazas apiladas en el fondo de la alacena, cancelaron el contrato de alquiler que figuraba en la etiqueta de la almohada, enmudecieron la pared del pasillo, cambiaron las frecuencias personalizadas de la radio y dejaron la llave en la repisa. Se disculparon con ella, ya que vendrían temporadas de encierro: perder su dueño fue perder su libertad. Una potencial nota en la cocina prefirió teñirse de blanco. Un sonido agudo invadió los tímpanos, como años atrás, cuando nos deslizábamos hasta tocar el fondo de la pileta y sentíamos el chirrido en las profundidades, que nos recordaba que éramos humanos, tan reales y ajenos.
Así, el agua terminó de caer. Apenas las paredes del departamento parecieron ampliarse, dolió la garganta. 
Y se deshidrató el alma. 

Agu Miglio.-

25.12.11

5 de diciembre

Tratás de guardar el perfume en pequeñas dosis. Sostenés el aliento y se acelera el corazón. Así, la fragancia recorre y modela una extensa serie de pensamientos catalogados diligentemente. Vale la pena respirar tres veces porque esta noche no se repite, suena a muchas y a ninguna, brilla tan fuerte que tienta la gravedad del hastío y eriza unas cuantas líneas, mudas, congeladas. Cruje la madera, el cielo se tiñe de azul marino. Amanece y yo duermo, confirmando una vez más que mi alma vive a destiempo.

[Hoy es una noche perfumada. Abran las ventanas señores.]

Agu Miglio.-

(2 días antes)


29.5.11

Palabras clave

Porque nos reinventamos. Nos buscamos. Nos repetimos. Y nos reencontramos.
Porque en ese ir y volver, no olvido llevar mis palabras clave en el bolsillo.




Agu Miglio.-

21.4.11

Jugar a no perder

Dejó que la música la mareara, porque así se sentía segura, dedicándole líneas a aquello que no existe, sagrado entre todo lo que puede realizarse.

Y no se va a arriesgar, nunca. Porque le gusta jugar.

No, le gusta imaginar cómo se siente jugar. Llenarse las venas con aquella dulce sensación y poder volver al inicio sin perder en el camino. Un perpetuo ensayo con destino incierto.

Un éxito inconcluso.
Un fracaso encubierto.


Agu Miglio.-



3.8.10

¿Borrón y cuenta nueva?


Necesitamos comenzar de nuevo. Precisamos hojas en blanco. Cambiar, pintar y remodelar muebles. Visitar la peluquería. Destrozar en cuarenta y cinco pedazos uno o dos papeles. Rasgar las palabras escritas, verlas desvanecerse en los laberintos de la bolsa de basura. Brindar. Arreglarse y salir a festejar. Llamar y dejar escapar una sentencia fría. Desear con el alma que el año se termine. Crear una lista eventualmente realista y necesariamente imposible de metas a cumplir. Tomar un tren que nos lleve lejos, cuando son los pensamientos los que nos siguen a kilómetros. Poner fin a una situación incómoda. Pedir que lleguen los buenos tiempos. Emprender un nuevo negocio. Pintar las paredes. Condenar una canción al olvido. Enterrar sentimientos. Reprimir nuestra esencia. Dejarse ser. Llevar bien alto la bandera de la libertad aunque apenas sepamos qué significa. Tachar. Borrar. Contar hacia atrás.

Empezar de cero. Borrón y cuenta nueva. Nos desespera, nos desvela y nos atrae peligrosamente. ¿Qué sería del hombre si no pudiera olvidar y comenzar sin el peso sobre sus hombros? Ya no nos engañemos y aceptemos nuestro increíble talento para escribir un párrafo aislado cada día. Aprendamos a convivir con nuestra brillante habilidad que permite despreciar años de historia. Errores, glorias pasadas, tiempos turbulentos. Siempre seremos invencibles si podemos arrancar la carrera sin que nuestra conciencia nos pise los talones. Ella no nos traicionará, jamás nos trasladará. Refutará memorias enredadas y aprenderá a vivir en un presente eterno y efímero.
¿Será que nos hemos mentido tantas veces que en las ansias se nos ha escapado de las manos?

Agu Miglio.-
[
Descubriendo la cotidianidad.
Reflejando
su magia en cada trazo.
El
arte color vainilla. ]