14.4.13

Playback

Hago playback. Varias veces. A todas horas. Pero no hay música, sólo el sonido seco de mi voz haciendo eco de oído a oído. Hablo y no se escucha. Te hablo y no me escuchás.

Igualmente, todo tiene sentido: de la misma forma en que los artistas mueven sus labios al compás de versos grabados con alma electrónica, guardando sus cuerdas vocales para los afortunados que puedan pagar por su puesta en acción, yo converso en silencio y te cuento todo lo que nunca te digo. Imagino tus respuestas, recojo información y me preparo como un buen interlocutor.

Hago playback porque las charlas reales no siempre saben estar a la altura de las circunstancias.
Hago playback porque no hay nada como inventar historias sobre aquellas historias que no pueden inventarse.
Y sé que vos también, hacés playback, pero no querés cortar la racha y escapar del anonimato para escribirlo.
Hoy canté, en una hoja en blanco, para recordar mi voz.

Agu Miglio.-



19.2.13

Magdalena recorrió el Sur

Un paquete de magdalenas. En un kiosko. En una de las calles más tranquilas del centro de Calafate. Al día siguiente nos esperaba una travesía larguísima e impactante, y sabíamos que íbamos a necesitar provisiones, así que lo compramos después de mirar la góndola por un rato. Hacía tan sólo unas horas que un vuelo muy corto nos había llevado desde el frío y la paz de Ushuaia con sus mejillas rosadas, hasta la ciudad de los glaciares.
Con los bollitos de vainilla asegurados continuamos el camino. Botas de trekking alquiladas golpeaban la pierna derecha, un borcego en la izquierda (pero esa es otra historia), la polera descansando porque el cambio de provincia se había encargado de sumar puntos en la temperatura.


Caminamos para el lado incorrecto, pero ¿hay direcciones incorrectas cuando apenas descubrimos los rincones que no conocemos? Dimos vueltas y volvimos a empezar, empapándonos de nuevas calles. Se asomó la costanera con su nombre presidencial y al fin vimos Bahía Redonda: ventosa como todas las costas, la gloria para dos porteñas que se escapan de los treinta y tantos grados de la llanura. Nos sentamos y las bolsas amenazaron con escapar, soñamos con un mate, pensamos que no hay mejor magia que descubrir que una ciudad puede ser desierto, centro bonaerense, artesanías de colores y hielos majestuosos, todo por el precio de una.


Esa noche el paquete se quedó en la repisa. El televisor a la izquierda, la mesa a la derecha. A la mañana nos quedamos dormidas, corrimos, lo guardamos sorpresivamente sin contarle a dónde iba. Una combi. Después un micro más grande. Las mismas palabras en español y en inglés. Escuchó que llegaba a la Curva de los Suspiros, se cayó cuando liberamos la cámara de su encierro. Había algo a lo lejos, pero todo iba a seguir oscuro. Más rutas hasta el puerto “Bajo las sombras” y los baches se transformaron en pequeñas olas que se deslizaron sobre el Lago Argentino.


Te esperaba un largo camino en la mochila. La altitud aumentaba. Estuvimos una hora subiendo la montaña, senderos angostos y una vista blanca y helada hacia el costado que sabía llevarse todo el oxígeno. Tras una diminuta avalancha de piedras y el paso por más y más curvas, un caramelo de dulce de leche calmando el pulso acelerado anunció que habíamos llegado. Las zapatillas ya no alcanzaban, las púas se adherían al hielo y avanzábamos: hacia arriba, hacia abajo y a través de las grietas. Pasaron ¿4 horas? ¿5 horas? Sólo podemos decir que jamás en la vida vimos algo igual. Y él tampoco.


Después de superar una zona escarpada, la paz helada e interminable nos invitó a sentarnos porque era la hora de comer. Abrimos el paquete sentadas en un rincón sobre la superficie del Perito Moreno, los dedos se liberaron de los guantes y retiraron el envoltorio para dar lugar a la masa esponjosa ¡Qué lejos habías llegado! Y no había terminado ahí, te esperaba el camino inverso, exactamente igual, hasta la repisa en la que dormiste aquella noche.


Descansamos. Y volviste a la mochila, después de un desayuno fugaz. Más rutas y otro barco: pero esta vez nos quedábamos sobre el agua. Esperaste paciente en el asiento. Recorrimos la ciudad de hielo durante horas. Los castillos helados superaban los pequeños témpanos que iniciaron la navegación y cada nuevo glaciar nos recordaba, desde la cubierta, que esas imágenes casi imposibles estaban realmente ahí. Nos salvaste la tarde, una vez más, pero eras rendidor y aún te faltaba mucho. La tercera noche te dejamos en el hotel y volvimos con más charlas que no te contamos.


Volvió a salir el sol (que recién se había escondido a las 10 de la noche del día anterior), te quedaste en la recepción del hotel mientras conocíamos el bar más hermoso de la zona. Te pido perdón, mi fiel acompañante. También te debo una disculpa, porque a las 16 hs decidí que era mejor embarcar la mochila y cruzaste fronteras por aire desde la bodega, esas mismas líneas que nos mostraba Google Maps pero en tiempo real. Te traje hasta Ezeiza y el calor se durmió en el plástico.


Hace unas horas se acabó el paquete junto a un vaso de leche fría. Mientras sentía el sabor pensé que después de todo no se trataba de una magdalena común. Había estado en mi mochila todo el tiempo y sin buscarlo, había recorrido alturas y kilómetros. Muchas de ellas sueñan con las frases de Proust: ser damas del tiempo, emperatrices del recuerdo, dueñas de nuestra conciencia y guardianas de los grandes momentos. Pienso que tiene un gran mérito, y aunque su historia no haya sido publicada en unos cuantos idiomas, ni filmada cual travesía en “Coffee & TV”, sí se merece algunos párrafos. Después de todo, Magdalena, recorrió el sur.


Agu Miglio.-

16.12.12

El arte de evitarse


Esta imagen creada por Lyona me recordó un texto perdido que escribí una madrugada del 2010.

"Ellos son artistas, dueños de un talento milenario. Capaces de dominar las leyes del espacio y el tiempo, saben predecir cada movimiento de forma inconsciente. Se camuflan en los pasillos, se pierden entre la multitud, se callan y se esconden.

Es entonces cuando las estrellas deciden ponerlos a prueba. Las circunstancias se acomodan y se agota la reserva de coincidencias. Comparten siete baldosas durante diez segundos. Y con la misma naturalidad con la que podrían intercambiar párrafos amoldados, con la misma cadencia con la que podrían rozar sus labios, con el mismo desparpajo con el que podrían herirse, optan por analizar las grietas del suelo.
Se alejan y toman caminos distintos, se escapan dando rienda suelta a aquella sensación instintiva que parece pedirles que aceleren el paso. Ambos se esfuerzan, toman todos los recaudos posibles.

Ellos huyen del fantasma de la casualidad, llevan consigo una herencia precisa y demoledora. 
Ellos, tienen el arte de evitarse"

Agu Miglio.-

10.12.12

Simulacro de un cliché hollywoodense



Existe un cliché hollywoodense que me encanta.

Después de un gran desarrollo argumental que consumimos (casi) sin sorpresas, llega el momento clave. El personaje principal pasó una hora y media construyendo su pirámide a base de prioridades, intereses y reacciones, sabemos exactamente cómo piensa pero también estamos seguros de que va a destruirlo cuando estemos a punto de terminar los pochoclos. Los actores de reparto hacen un análisis repentino de la situación, se descubren los secretos clave o simplemente el protagonista se estrella contra un poste enfrente de un supermercado. Entonces, abre los ojos, pestañea con dificultad, intenta hablar pero no puede, empieza a caminar muy rápido u opta por manejar a toda velocidad peinando la ruta, sabiendo que tiene un destino: no sabemos dónde, pero siempre es arriesgado, decisivo e implica un pequeño discurso, una firma, un abrazo, un cierre. Todo al compás de la mejor canción, aquella que destaca en la banda sonora, porque todas sus corcheas te empujan, te dicen que dejes de ser una ameba ficcional.

Los seres mortales que no vivimos en pantalla también nos damos cuenta de muchas cosas, pero preferimos consultarlo con nuestra conciencia a la madrugada, esconderlo debajo de la cama o tomar alguna decisión tibia y burocrática.

En mi fábrica cinematográfica personal, mi álter ego se entera y empieza a correr muy fuerte, bajo la lluvia, mientras suena esta canción.

Suspicious Minds by Elvis Presley on Grooveshark

Hoy simplemente lo escribo. Y sigo acumulando simulacros.

Agu Miglio.-

4.8.12

#jidd Magia IFTTT



via Instagram http://instagr.am/p/N6aVwozECg/

20.5.12

Sequía

Te alejás más y se me escapa entre las manos como el agua. Pondría cientos de baldes, vasos, tazas y dedales para detener la tragedia. Pero mis palabras están repletas de ranuras, plagadas de pequeñísimos poros incapaces de contener los sonidos, los trazos, las horas. Así fue como los silencios vaciaron los cajones, despejaron el escritorio, guardaron dos tazas apiladas en el fondo de la alacena, cancelaron el contrato de alquiler que figuraba en la etiqueta de la almohada, enmudecieron la pared del pasillo, cambiaron las frecuencias personalizadas de la radio y dejaron la llave en la repisa. Se disculparon con ella, ya que vendrían temporadas de encierro: perder su dueño fue perder su libertad. Una potencial nota en la cocina prefirió teñirse de blanco. Un sonido agudo invadió los tímpanos, como años atrás, cuando nos deslizábamos hasta tocar el fondo de la pileta y sentíamos el chirrido en las profundidades, que nos recordaba que éramos humanos, tan reales y ajenos.
Así, el agua terminó de caer. Apenas las paredes del departamento parecieron ampliarse, dolió la garganta. 
Y se deshidrató el alma. 

Agu Miglio.-

25.12.11

5 de diciembre

Tratás de guardar el perfume en pequeñas dosis. Sostenés el aliento y se acelera el corazón. Así, la fragancia recorre y modela una extensa serie de pensamientos catalogados diligentemente. Vale la pena respirar tres veces porque esta noche no se repite, suena a muchas y a ninguna, brilla tan fuerte que tienta la gravedad del hastío y eriza unas cuantas líneas, mudas, congeladas. Cruje la madera, el cielo se tiñe de azul marino. Amanece y yo duermo, confirmando una vez más que mi alma vive a destiempo.

[Hoy es una noche perfumada. Abran las ventanas señores.]

Agu Miglio.-

(2 días antes)


[
Descubriendo la cotidianidad.
Reflejando
su magia en cada trazo.
El
arte color vainilla. ]